Libia Posada / Evidencia clínica 1


Autor/autora: Libia Posada
Año: 2006
Nacionalidad: Colombia
Técnicas y medios:  Acción colectiva con 50 mujeres en espacio público, Medellín
Medidas:  duración (16 horas)


Página web: No hay datos
Exposiciones:
EVIDENCIA CLINICA: RE-TRATOS, en el marco de FOTOLOGÍA. Museo Nacional de Colombia. Bogotá (2007)
EVIDENCIA CLÍNICA. Centro Colombo Americano. Medellín (2006)
Bibliografía: No hay datos
Webgrafía:
https://atlasiv.com/la-galeria-empanada-intervenciones-de-la-artista-libia-posada/
http://www.revistasexcelencias.com/arte-por-excelencias/editorial-3/reportaje/el-borde-y-el-limite-la-obra-de-libia-posada
http://mde.org.co/mde07/nodo/memorias-del-mde07/artistas/libia-posada/
http://ciudadelasmujeres.blogspot.com.es/2013/01/libia-posada-el-baile-de-las-que-sobran.html


Descripción:  A Medellín le han dicho el “Silicon Valley” de Colombia. Y no por su alta tecnología. El epíteto se refiere al porcentaje de mujeres que se han realizado compulsivamente cirugías estéticas en este valle de Los Andes. Es un lugar común por investigar, pero una realidad que parece estar favorecida por los estrafalarios estándares de belleza que impuso en su momento la violenta y patriarcal cultura mafiosa, quienes tenían a la mujer voluptuosa como su máximo botín, el desarrollo de la industria médica al igual que la del modelaje y la moda, en la que ha sido la cuna textil del país. Todas las condiciones para producir una tormenta perfecta que controla los cuerpos femeninos. Las mujeres de Medellín tienen, pues, una presión inusual para estar siempre maquilladas, vestidas provocativamente y dispuestas al exigente ojo masculino. El metro de la ciudad no es la excepción.

Un día del 2006, sin embargo, fueron otras las mujeres que circularon por esta larga serpiente aérea que teje el norte de la carencia con el sur de la opulencia urbana. Empezaron a viajar en sus vagones relucientes, mujeres de todas las edades con otros colores en sus caras, diferentes al rouge y la pestañina habitual. Los rostros de ancianas y jóvenes estaban marcados por las huellas que dejan en la piel los golpes. Estas marcas no son sólo un hecho físico, sino un significante con un significado cultural muy preciso. Las lecturas de los transeúntes así lo tradujeron. Entonces su ojo se mostró como un nuevo inquisidor y se transmutó en una lengua colectiva que dejó resbalar comentarios como “Por puta será que le dieron tan duro”, cuando ellas pasaban. Las mujeres, con silencio y dignidad, enfrentaron las quejas de aquel ojo que ese día vio enturbiado su complaciente panorama de chicas deseables.

Esta frase resumió la situación y dio en la clave del malestar: “Eres muy valiente de salir así”. Esa era precisamente la tensión insoportable que se estaba presentando: ellas estaban volviendo pública una violencia que debía ser privada. El reclamo no era hacia quien había provocado el arcoíris del maltrato en estos rostros (traducido invariablemente como un agente masculino), sino hacia la osadía de aquellas que habían decidido exhibirlo por las calles, las oficinas, los supermercados, los bancos, las universidades. Subversivamente habían vuelto grito lo que debía permanecer susurro.

Lo que los usuarios del metro no sabían era que estas mujeres también estaban maquilladas, aunque de otra manera, en una acción liderada por la artista Libia Posada. Ella había convocado a 50 mujeres con historias de violencia asociada al género a unos talleres en los cuales se les había “invitado a desplazarse desde su condición de víctimas a una condición de poder personal”. Luego a las participantes se les hizo una reproducción a partir de técnicas de arte forense , ya no por un “esteticista”, sino por un artista forense quien reprodujo en sus pieles fielmente los rastros de una golpiza. Con esta máscara salieron a las calles y al metro a activar los silencios del orden público. Estaban creando una imagen para un ritual innombrable. 

(Sol Astrid Giraldo, en: https://atlasiv.com/la-galeria-empanada-intervenciones-de-la-artista-libia-posada/)